
El laberinto del artista es un viaje en solitario, buscando luz
en la oscuridad, seguridad en el sueño o fuego sobre el mar.
Es una ruta incomprensible para nosotros mismos.
El proceso de creación, es caprichoso como un niño, pero al
que debemos oír. Jugamos con tres elementos: intuición, azar
y dedicación, a veces difíciles de descifrar, que sólo con el
paso del tiempo, nos revelan sus entrañas y secretos.
Sabemos de dónde venimos, nuestro origen es tan rico como
diverso y nos alimenta como nuestra gran madre, pero a dónde
llegaremos es nuestra constante pregunta, aquello que nos
empuja hacia delante buscando una respuesta.
En el camino nos vamos desprendiendo de todas nuestras
capas hasta quedar desnudos, tocando fondo a veces o con
suerte guiados como sonámbulos por una fuerza intuitiva que
dirige nuestros pasos a lo desconocido.
Es en ese poderoso vacío donde está todo y al mismo tiempo
la aterradora nada.
Aún así el proceso es inmensamente enriquecedor y el reto
con la vida continuo e inevitable.
E. Romero